martes, 28 de septiembre de 2010

jueves, 23 de septiembre de 2010


Este humilde seronero
que escribe gilipolleces
al pueblo quiere con creces
(o tanto como el primero).

Nuestra gente hoy decaída
los maridos, las esposas;
por desgracia así es la vida
cuando se joden las cosas.

Negra, muy negra la coyuntura
que nos robó la alegría
¿acaso estará la cura
cursando jardinería?.

No se cuántos candidatos
desánimo de aspirantes
¿quién firmará esos contratos
quién cubrirá las vacantes…?

Y me producen asombro
aquellos que en sus poltronas
como desechos de escombro
maltratan a las personas.

Acude al confesionario
un parado cabizbajo
le pregunta el Secretario
-¿es que no tienes trabajo?

-Me sobra, pues los millones
dentro de mi calcetín
los trabajos a montones
lo mismo que tú, Agustín.

Asombrada, boquiabierta
la muchacha del INEM.
Después, detrás de la puerta
esperando más de cien.

domingo, 19 de septiembre de 2010


Hace unas quinientas venticinco
botellas de vino aproximadamente,
yo tenía diecisiete años
cuatro meses y trece copas de anís del mono.
En ese instante preciso,
estaba enamorado de una calavera blanca.

Abrazaba a mi niña de hueso como a la Aurora Boreal
y entonces desaparecía entre mis dedos.
Desde la percha de su esqueleto
me acariciaba las mejillas con el metatarso,
emocionado casi lloraba.

¡Cuantos días me perdí
mientras contaba articulaciones
en una letanía de números óseos,
como quien cuenta
borregos para dormir
y el sueño desvanece su rosario!.

Adoraba la belleza de sus tibias,
sus vértebras, diamantes en bruto
a falta de una mano de pulimento.

La ausencia de dientes en sus maxilares
explicaba el misterio de su pasión desenfrenada,
seguramente perdidos en besos
de otros lúgubres amores,
dueños un día de la reja de sus costillas.

Yo nunca le pregunté, por miedo a perderla.

martes, 14 de septiembre de 2010

SERONEROS, LUIS HERRERO Y YO MISMO


Querido Hierro y jamón
el recuerdo me emociona;
los mineros de Serón
agotado ya el filón
se fueron a Barcelona.

Y mis callejones mudos
con sus portales cerrados,
aquellos gritos agudos
de personajes menudos
y de pronto tan callados.

¡Qué voy a decirte yo
mi contrincante poeta,
si un día te amaneció
más allá del Perelló
en busca de la peseta!

(Luis Herrero en Granada)

Y tus callejones mudos
casas y puertas cerradas,
amigos que no aparecen
a jugar por las mañanas,
hombres que no transitan
mujeres que ya no lavan.
Mira...parece que hoy
está más vacía la Plaza,
los niños ya no alborotan
su bullicio no resalta
porque ya muchos de ellos
con sus padres se ausentaron.
Maldito sea el trabajo,
que a nuestra gente le falta
y es por eso que esta tierra
va quedando despoblada.
El mayor de tus tesoros
pierdes jornada a jornada,
tus niños son el futuro
y el futuro se te escapa
Serón, tú no te preocupes
que tu gente desplazada,
hará siempre que tu nombre
se conozca en toda España.
Siempre llevará en su pecho
tu recuerdo y su esperanza

lunes, 13 de septiembre de 2010


Vamos a ver si me aclaro
porque de un tiempo a esta parte
hay quien dice, con cierta dosis
en cazo de mala leche,
que me estoy volviendo gilipollas
y quiero demostrarle que no es cierto
aunque en el intento muera.

Yo era un niño, muy niño,
mi tamaño, poco más de una almendra
después de alcanzar su grueso definitivo,
tras torrarla en una sartén a fuego lento.
(claro, eso era al principio,
porque unos meses más tarde
llegué a ser como un balón de reglamento)

Por entonces moraba (Umbría dixit)
en una cueva sanguinolenta donde todas la mañanas
se iluminaban con la misma oscuridad,
a una temperatura ambiente
de unos treinta y siete grados centígrados
(grado arriba, grado abajo)

Desde los primeros días
de mis horas más tempranas
empezó a absolverme el sonido de un tic tac,
aunque al principio molesto,
derivó en una música celestial
que me animó a seguir viviendo.

Yo estaba allí tumbado panza arriba
al calor de un sol cuyos rayos
no me alcanzaban directamente,
a veces, me giraba un poco
sin poder darme una vuelta completa.
(cierto es que la estrechez de mi guarida
no daba para muchas filigranas).

Afuera la gente hablaba y hablaba,
(mas tardé aprendí a diferenciar
las personas por sus sonidos)
de vez en cuando, un burro que rebuznaba
y un gallo cabrón que tenia la mala costumbre
de despertarme a las seis de la mañana.
(que se trataba de un burro y un gallo
lo supe después).

Poco a poco iba creciendo
y las paredes de mi habitación,
aunque flexibles, tuve la certeza
que no soportarian
tal presión por mucho tiempo.

Y no la soportaron.

Un día no sé a qué hora,
el mundo me tragó hacia afuera
en presencia de varias mujeres
que ya conocía por lo que cascaban;
me vi envuelto en una toalla blanca
manchada de sangre y detritus,
segundos después que otra de las presentes
me atacase inesperadamente con unas tijeras.

sábado, 11 de septiembre de 2010


Mi vecina la Gloria era una señora
que comenzaba a gritar a primera hora.
Su esposo Amador, un pobre minero
que le sisaba unas perras del monedero
para invertías a la vuelta del camino
en el bar del Guardilla en un vaso de vino.
Y su mujer que tenia muy poco aguante
lo abroncaba si volvía tambaleante
por eso este hombre de nombre Amador
por la mujer de su alma sentía terror
y a pesar de su carácter huraño y duro
se veía cabizbajo al llegar con su carburo.
Tenían tres hijas, la mayor era Isabel
y ay del seronero, pretendiente aquel
que quisiera hacer de la niña su patrimonio
sin promesa o señal alguna de matrimonio
y si alguien se propasaba en zalamería
con la madre ciertamente se vería
como aquel día que en jardín de la Parra
a un muchacho le atacó estando de farra.
pero a pesar de su genio puñetero
me apreciaba, me decía "su seronero".

miércoles, 8 de septiembre de 2010


Ni la luz de una farola ni un carburo
en el trayecto de mi callejón oscuro;
normalmente por la noche receloso
cuando andaba por el pueblo tenebroso

tal vez no lo crean vuesasmercedes
de noche, negras las piedras y las paredes

En la puerta los Ramírez la bombilla
tan pobre como una vela amarilla,
a lo lejos el punto rojo de una pavesa
quemando el tabaco de casa Teresa;
en la Umbría o en el Barrihondo sin linterna
a prueba estaba la estructura de la pierna.

Y con Francisco Domene, Paco Tocina
se descolgaron candiles de la cocina

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