jueves, 27 de agosto de 2009

EL DARRO


Como sabéis amigos, la taza no había llegado;
para la necesidad apremiante, un agujero el retrete
de manejo muy sencillo, tan solo poner el ojete
apuntando hacia mismo centro del excusado.

Recuerdo que siendo pequeño comenzó la faena
y todos colaboraron en un trabajo abnegado
para llegar a conseguir que tirando de una cadena
la mierda despareciera por el alcantarillado.

Sin una peseta para comprar arena y cemento,
pues en aquellos años la tela no estaba de sobra,
todos los vecinos aportaron la mano de obra
y los materiales fueron por cuenta del Ayuntamiento.

Poco después nos pusieron el agua corriente,
y no pretendo que esta historia la toméis a coña,
pero hubo gente que ni saliendo del grifo caliente
pudo arrancarse jamás de las rodillas su roña.

Si algún día os sorprenden imprevistos apretones,
juventud esclava de un régimen alimenticio,
no olvidéis a los mayores y su enorme sacrificio
para que hoy caguéis sin mancharos los pantalones.

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