viernes, 26 de marzo de 2010

EL CURA DE CANTORIA


Juan Antonio López Pérez nació en Cantoria en 1881. Estudió en el Seminario de San Indalecio de Almería. Fue ordenado presbítero a los veintidós años, en 1904. Cantó misa por primera vez el 31 de mayo de ese mismo año en la capilla de la Sagrada Familia de Almería. Le faltaba un pulmón por lo que tenía ciertas dificultades para predicar. En 1905 fue destinado a su pueblo natal en cuya parroquia permanecería ya hasta su muerte. En 1916 fue nombrado coadjutor, y en 1935 párroco.
Ya después de la Guerra, su sucesor en la parroquia, don Francisco Serrano, en declaraciones hechas ante el Tribunal Diocesano, manifestó que por los testimonios que pudo recoger entre los feligreses don Juan Antonio era hombre inteligente, de gran temperamento, con excelentes dotes de catequista, y en el pueblo tenía fama de santo. Visitaba con frecuencia a los pobres entrando en las cuevas donde vivían.
Sus vecinos decían que causaba impresión verlo a la luz de las velas mientras les hablaba de religión pausadamente con verbo magnífico. Transmitía paz y bondad.
Cuando empezó la Guerra entregó las llaves de la iglesia a don Emilio Padilla, hombre de respeto y solvencia y siguió celebrando la misa en su propio domicilio…
A mediados de septiembre de 1936 unos milicianos procedentes de Almería llegaron a Albanchez. Uno de ellos se llamaba Valentín. Venían buscando, para matarlo, a don Antonio Molina Alonso, canónigo de la catedral de Almería, natural de Albanchez, que había huido de la capital y se había refugiado en su pueblo junto a otros eclesiásticos. El 30 de agosto anterior habían sido asesinados, en un barranco de Vícar, el obispo de Almería, Diego Ventaja, y el de Guadix, Manuel Medina Olmos, junto a diez sacerdotes más. Esto provocó la huida de muchos otros que intentaban escapar de las matanzas…
Los milicianos permanecieron en Albanchez varias jornadas cometiendo toda clase de tropelías. La tarde del 21 de septiembre, lunes, decidieron ir a por los curas de Cantoria. Llegaron al pueblo en un coche negro, grande, junto a José López Linares, “Pepe el de la Flora”, que era miembro de la CNT y presidente del Comité local del Albanchez. Una vez en Cantoria recogieron a un miliciano llamado Rafael el cual se subió al estribo del coche y los fue guiando hasta la casa de don Juan Antonio, el párroco. Al llegar a la plaza el coche se paró y después comenzó a subir, marcha atrás, la cuesta de la calle de la Plaza siempre con Rafael subido al estribo indicando el camino. Algunos dicen que el coche llegó hasta la misma puerta de la casa del sacerdote. Pero otros dicen que se quedó en la esquina. Entiendo que esto último es más verosímil puesto que justo ahí la calle empieza a empinarse bastante y en el año 36 estaba sin asfaltar. Además, el coche era grande lo que dificultaría la subida. A ello se une que varias personas vieron cómo sacaban a don Juan Antonio de la casa entre los gritos desgarradores de la sobrina,con la que vivía, y lo recuerdan andando hacia el coche, flanqueado por dos sujetos, con la solapa de la chaqueta negra subida, extraordinariamente serio (es fama que le pegaron en su casa porque se resistió a salir): no habrían podido verlo andando si el coche hubiera estado en su misma puerta. Por tanto, podemos deducir que el coche se quedó en la esquina.
Con don Juan Antonio a bordo tomaron la carretera vieja hacia Albox. Al llegar a la venta del Guarducha, a unos cuatro kilómetros del pueblo vecino, lo bajaron del coche. Le hicieron andar hasta unas higueras que había allí y lo asesinaron fríamente disparándole cinco tiros. Al parecer, las últimas palabras que pronunció nuestro paisano fueron: “os perdono”.
Tiraron su cadáver a un barranco próximo donde quedó toda la noche, y sus asesinos se dirigieron a Albox donde dejaron aviso. En la madrugada siguiente, dos vecinos de ese pueblo fueron a recogerlo con una camioneta: Francisco Alfonso Salas “El Puntas”, y Baltasar Torregrosa López. Los cuales lo llevaron al cementerio albojense donde muy probablemente acabó en el osario por lo que ha sido imposible localizar sus restos. El párroco de Cantoria don Francisco Serrano, intentó identificar o averiguar el paradero de su cuerpo para traerlo aquí y darle sepultura entre los suyos, pero sus gestiones en ese sentido resultaron infructuosas.
Como ese día, el siguiente al asesinato, era martes mucha gente se dirigía al mercado de Albox y se detenían comentado el suceso, pues se veía la sangre de don Antonio derramada en la tierra.

Pepe el de la Flora.-
En el gobierno militar de Almería, en el archivo del Juzgado Togado Militar Territorial número 23, se guarda el sumario 19.424/39, legajo 132, donde leemos los papeles referentes al proceso incoado contra José López Linares, “Pepe el de la Flora”, por el asesinato del cura de Cantoria.
López Linares había nacido en Cuevas del Almanzora pero vivía en Albanchez desde muchos años atrás. Tenía treinta y seis años, era mecánico de profesión y estaba casado con Isabel Torres de la que había tenido seis hijos. Leemos en su expediente que era pequeño de estatura (1,64 m.), tenía el pelo castaño, cejas pobladas y ojos negros. Militaba en la CNT.
El 20 de abril de 1939 (la guerra había terminado el día 1 de ese mes), ya había sido detenido y estaba en el cuartel de la guardia civil de Albanchez. Ingresó en la prisión provincial de Almería el 25 de mayo.
El juicio se celebró el 28 de agosto con petición fiscal de pena de muerte por garrote vil. Los informes y declaraciones contra él del jefe de Falange y del alcalde de Albanchez, así como del vecino de Chercos José Sáez resultaron coherentes y contundentes. En sus alegaciones López Linares se defiende débilmente e invoca al cura albanchelero don Federico Guerrero Alonso. Pero el testimonio de éste resultó demoledor para Pepe el de la Flora.
Siguiendo las declaraciones y conjuntándolas, el tribunal consideró probado que: López Linares tomó parte activa en cuantos actos vandálicos se cometieron en su pueblo. Constituyó y presidió el Comité Revolucionario, participó en requisas e impuso multas por la fuerza. Hizo objeto de vejaciones y persecuciones a los sacerdotes del pueblo. Mandó detener arbitrariamente a don Sandalio Molina y a su hijo Ángel. En los primeros días de septiembre, junto a otros milicianos, fue a Chercos donde hicieron simulacro de fusilamiento sobre Clemente Rubio y otras personas. Luego se dirigió a un cortijo donde robó un jamón e intentó abusar de una chica de dieciséis años, hija de uno de los declarantes. Multó al canónigo de la catedral de Almería don Antonio Molina que se había refugiado en Albanchez junto a otros eclesiásticos a los que obligaba a presentarse cada dos horas en la ermita del pueblo donde se había instalado el Comité (la ermita está situada a unos cuatrocientos metros de la población).
Finalmente “en unión de otros sujetos de Almería asesinó a un sacerdote de Cantoria”… Después ingresó voluntario en el ejército rojo donde formó parte del Batallón Floreal.
José López Linares fue condenado a muerte y ejecutado a las cinco de la mañana del 26de junio de 1940 en las inmediaciones del cementerio de San José de Almería.

(texto de Juan J. López Chirveches, Asociación Cultural Piedra Yllora)

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