domingo, 14 de marzo de 2010

LA GITANA DE TÍJOLA

(pila bautismal donde fue bautizada)


Queridísimo Alconaiza:

Como hemos hablado muchas veces, la Guerra Civil, es un tema en el que coincide nuestro interés y más, en todo lo que concierne a los sucesos de Serón.

Estamos de acuerdo en las barbaridades que se cometieron por ambas partes, aunque en los tiempos que corren nos quieren hacer creer que fue un enfrentamiento entre buenos, los rojos y malos los nacionales. Pero como nosotros no nos tragamos el sapo crudo, seguimos a lo nuestro.

No se si sabrás que de Tíjola, ciudad donde reposa cada noche el saco de huesos de mi esqueleto, han aparecido algunas publicaciones en los últimos años en que se toca el tema de la Guerra, aunque solo sobre cuestiones administrativas: composición de su Ayuntamiento, economía, población, estadísticas etc, pero nunca se ha mencionado ni de pasada la persecución religiosa y política a la que se vieron sometidos algunos de sus vecinos.

Repasando esos escritos, observo cómo se va citando a los miembros del Comité Revolucionario Local, los cambios que hubo en su composición, a los partidos políticos que pertenecían etc, e intuyo que se trataba de personas de bien, los apellidos me suenan, pero la historia que te cuento, dice muy poco de su altura moral..

Como el el resto de los pueblos vecinos, en los primeros días profanaron la Iglesia parroquial, la Ermita de la Virgen del Socorro, etc. El cura párroco don Diego María Garrido Pombo, lo cuenta en un diario que estuvo escribiendo hasta el mes de Septiembre del 36, creo que dejó escribir apenado por los sucesos y al darse cuenta de que aquello iba para largo. Por suerte respetaron su vida.

En su diario relata lo que los vecinos le van contando.., así las batidas por Tíjola de hombres armados de Serón, a los que él llama “los pistoleros”. Lo que me da que pensar en la influencia de éstos sobre sus compañeros de Tíjola. También cuenta la visita que le hizo Don Antonio Martínez López (Párroco de Serón), unos días antes de su martirio en el Polvorín, en los que le expresaba las preocupaciones sobre su incierto futuro.

Bueno, sucedió que en Febrero o Marzo de 1938, una gitana de nombre Emilia Fernández Rodríguez, vecina del pueblo, domiciliada en Las Cuevas, de profesión canastera, contrae matrimonio con un hombre de su misma raza llamado Juan Cortés Cortés. Al estar la Iglesia cerrada y perseguida, se vieron obligados a celebrar el matrimonio por el rito gitano, cante y baile durante una semana y reparto de peladillas a granel, en fin, lo normal.

Pero a los pocos días la felicidad de la pareja se ve truncada cuando le comunican a su flamante esposo que ha de incorporarse de inmediato al Frente.

Al recibir la noticia Emilia se dirige al Ayuntamiento a expresar su negativa: “Mie Uhté Señoh Arcarde, nusotros semos unoh gitanicoh guenoh, semoh probecicosh pero honraoh, nusotroh no noh metemoh con naide y noh habemoh casao el otro día y no noh queremoh desapartah eluno delotro".

Por respuesta recibieron esta amenaza: “El día 21 de Junio de este año de 1938, el mozo Juan Cortés Cortés deberá presentarse en estas dependencias de reclutamiento con el fín de incorporarse al Frente de Guerra para la defensa de los intereses (Rusos) de la República. En caso de no comparecer se le declarará en rebeldía y se darán las órdenes pertinentes para su detención y encarcelamiento".


Llegó el día, el Gitano no se presentó y los milicianos se presentaron en las Cuevas donde detuvieron al matrimonio, a él por prófugo y a ella por apoyarle.

Los mandaron en seguida para Almería a las prisiones del Ingenio y el centro carcelario para mujeres de Gachas Colorás . Aquel día, Emilia ya iba embarazada de la única hija que iba tener en lo poco que le quedaba de vida.

La gitanica, había nacido en Tíjola el 13 de Abril de 1914 en una familia pobre dedicada a la elaboración de canastos de caña, oficio que aprendió desde muy pequeña con maestría, cuando fue creciendo ya la llamaban Emilia la Canastera. El mismo día de su nacimiento, sus padres la llevaron a la Iglesia de Santa María, (A treinta metros de donde yo vivo) para darle cobijo en la fe Católica mediante el Bautismo.

Nunca tuvo ocasión de aprender a leer y escribir, llevando una vida tranquila dentro de las costumbres de los suyos, entre las cuales la asistencia a la Iglesia.

De pronto Emilia se encontró frente al Juez de Primera Instancia de la Plaza de San Sebastián en Almería, de donde salió con una condena de seis años por haber instigado a su Juan para no ir a la Guerra.

Con la dureza de la cárcel y en su estado, encontró consuelo en la religión. Tengo que decir que en aquellos momentos, sus compañeras de cautiverio provenían de ambientes religiosos en su mayoría, así monjas, seglares de acción católica etc., ella quiso aprender a rezar y una compañera de penalidades empezó a darle instrucción al respecto.

Emilia puso su destino en manos de Dios con la fortaleza que le daba su fe sencilla, por lo visto, practicaba sus rezos ante todo el mundo y pronto llamó la atención de la Directora de la cárcel. Un día se dirigió a Emilia para que denunciara a la que era su profesora en materia religiosa a cambio de mejorar las condiciones de su estancia entre rejas. Emilia se negó y fue recluida en un agujero donde dio a luz a su hija en total abandono, sobre un jergón de esparto sin ayuda de nadie.

Estuvo durante cuatro días sin recibir asistencia mientras se desangraba a causa de un terrible hemorragia. Al cuarto día fue llevada al Hospital Provincial ante su grave estado, siendo devuelta a las pocas horas a su agujero de la cárcel, donde falleció en seguida sin haber denunciado a su catequista.
Era el 25 de Enero de 1939, tenía venticuatro años, a tres meses del final de la Guerra.

Su hija, a la que las compañeras de infortunio bautizaron con el nombre de Ángeles, no fue entregada a su padre ni a ningun familiar, se puso bajo la tutela de un horfanato y se sospecha que pudo terminar en manos de alguna familia republicana.

Emilia fue enterrada en una fosa común del Cementerio Municipal de Almería, donde sigue hoy sin que el Juez Garzón se haya preocupado por la exhumación de sus restos.

Hoy es la Sierva de Dios Sra. Emilia Fernández Rodriguez, en proceso de Beatificación por nuestra Iglesia Católica ocupando un lugar entre sus elegidos en el Altar del Martirio.

Así fue, amigo Alconaiza.

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