sábado, 5 de febrero de 2011


Cuatro letras os dirijo
con cierta preocupación
tal que un padre que a su hijo
ahogado en la depresión.

Y el hijo que al caso soy
desesperado, abatido
pues cada paso que doy
me siento más deprimido.

Si a nuestra Plaza me asomo
para respirar sus vientos
no se ni por qué ni cómo
tengo fobia a sus asientos.

No me emociona la fuente
ni los bonitos colores
que luce el agua corriente
junto a las cuatro o seis flores.

Y nos cerraron el bar
otrora espacio divino
decidme dónde tomar
mi caña y un vaso vino.

Veo mi Plaza con tristeza
más bien con vergüenza ajena
qué diría don Luis Requena
si alzara la su cabeza.

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