lunes, 28 de febrero de 2011

A DIEGO PÉREZ CANO

Queridísimo Diego Pérez, hijo de Diego Pérez amigo de mi padre, aquel que me daba una peseta cada vez que me veía:

Esta mañana, que amanecía 28 de Febrero de los corrientes, según dicen día de Andalucía, he subido a Serón con la intención de hablar contigo.

Te he visto llegar cámara al ristre y como había tanta gente no hallaba el momento de llamar tu atención. Al poco miré y ya no estabas.

Mejor así, porque hubiera sido una metedura de pata.

Quería pedirte explicaciones sobre las injurias de las que he sido objeto en el sucedáneo de facebuc de tu página serontv. Yo no conozco a las personas que me atacaban, ni quiero conocerlas. Y si alguna he llegado a conocer, olvidaré tal circunstancia.

Como ya dije en alguna ocasión, no me importaban esas palabras que contra mi persona se dirigían, hasta el momento en que empezaron a cachondearse de mi padre, fallecido al día siguiente de San Sebastián de 1975.

No conozco a ningún lorito; solo se que tú eres el dueño de los dominios serontv donde malcascaban, con tu consentimiento.

Pues en esas me encontraba mientras hablaba con mi queridísima Benita y Pepe su marido que fueron mis vecinos. Con Josefina la de Jesús el Corneta, con mi querida Paula, con mi amadísimo Jesús el Roco, mientras mi gaznate era atravesado por una Cruz del Campo, amabilidad de Juan Sola.

Al rato ha llegado Leo, mi Pepe el Chavo y el Capitán General de mis expectativas vitales, su Excelencia don José Ángel Iglesias, al que se me ha olvidado preguntarle por su padre político, es decir, su suegro Antoñín al que he echado de menos por mis contornos vecinales.

He saludado a Paquito, hijo de doña María Sola, maestra, poetisa, historiadora de Serón etc, pero sobre todo un alma como la Catedral del San Saulo el pescador de hombres, sita en los perímetros ítalos de Roma.

Empieza la conversación y me dice José Ángel, que habían desaparecido de tu página diabólica todas las referencias hacia mi persona humana, es decir, que han dido borradas.
"Diego Pérez no estaba al tanto del asunto y cuando ha tenido conocimiento de tales ignominias las ha mandado borrar".

Llegados al punto, solo me queda pedirte disculpas, si en algún momento te has sentido perjudicado por mis poemas jocosos, o bien por algún comentario prosaico fuera de presupuesto. Es más, me comprometo a no volver a nombrarte siempre que tú hagas lo mismo con José Luis Nieto Martínez, Seronero o Molinillo.

Y quédome a tu disposición, siempre que tal caso no suceda nunca.

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