lunes, 26 de octubre de 2009


Comprendo a veces que mis versos de delirio
se escapan de los dedos de mis manos
que ya por sus muchos años sufren el martirio
de las edades postreras de cuerpos humanos.

Y jodiendo la marrana cada mañana el espejo
a la luz de una turbia bombilla me recuerda
que ese joven que fui se está haciendo viejo
¡me dan ganas de mandarlo todo a la mierda!.

Resulta amigos, que la locura de mi consciencia
es la puerta por donde pasa cada noche el miedo
que pesa como la losa de la penosa existencia
de un torero cobarde cuando sale al ruedo.

Y un dia de estos, en una plaza cualquiera
entre aplausos triunfando de grana y oro
cuando toque la banda una pieza fiestera
tiraré el capote..., para que me coja el toro.

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