miércoles, 7 de octubre de 2009

LAS ANAYAS

Doña Carmela Anaya con un grupo de alumnos de los Zoilos

No quiero hablar de las quejas
de vecinos del pueblo que cautivos
en la cárcel de la Iglesia, tras las rejas
de fusiles serian muy pronto objetivos.

No se bien si a mediados de verano
a Vázquez le produjo algún empacho
cuando el pobre de su hijo Mariano
le llevaba una botella de gazpacho.

Pero claro si quedó que las vasijas
las dejaba relucientes Pepe Anaya
cuando alguna de sus valerosas hijas
traspasaba de la Iglesia su muralla

Pasando un entramado de controles
en fiambrera con un caldo de puchero
algunas veces les robaban los peroles
días antes las dejaron sin dinero.

Pero nunca pensaron que la muerte
acechaba tras el tazón de sopas
a su padre no le acompañó la suerte
pues la sangre empapaba ya sus ropas.

Asesinos que no tienen sentimiento
a personas principales les llamaron
aquellos que desde el Ayuntamiento
en la muerte del padre participaron.

El consistorio con Alcalde, Presidente
ante el peligro de chiquillas y viuda
les colocó una escopeta en cada frente
de intenciones no quedó la menor duda.

En la justicia del odio no hubo tregua
con una turba que dictó sentencia tal
que pasearon a lomos de su yegua
delante de su familia por la Calle Real.

Aquel que la jaca tocó en gracia
manejaba con soltura el animal
años después, al llegar la Democracia
fue en Serón un personaje principal.

A las hermanas con su madre condenaron
a mantener abiertas sus ventanas
como un “gran hermano” controlaron
si andaban por la cocina o en las solanas.

¡Cuántas vidas nuestra Guerra destrozó!
fueron tiempos de penas y agonía;
esta historia no me la he inventado yo,
os digo que fue el pan nuestro de cada día.

2 comentarios:

Francisco dijo...

Me ha gutado mucho la fotografia

Francisco dijo...

Me ha gustado mucho la fotografia

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