viernes, 30 de octubre de 2009

DIA DE LOS SANTOS


Un día, amigos míos, me subí al ciprés
más alto que había en el cementerio
con la ayuda de una cuerda y un arnés
quería saber de la muerte su misterio.

Y mirando al infinito de la Luna
envuelta en el fulgor de su rojo intenso,
volaba mi propia persona infortuna
por un pasillo del espacio inmenso.

Más allá, donde confluyen los mundos,
perdido y agotado en mi loco desvarío,
vagué con la muerte por los huecos más profundos
de los agujeros negros de la nada y del vacío.

A millones de años luz... llegó el momento
en que brillaba el fuego del final del mundo
y en la grandeza sideral del firmamento,
vi pasar mi vida en menos de un segundo.

Y abajo, mi piel amoratada en su agonía
en el mismo ciprés de aquel cementerio donde
mi cuerpo agonizante trepó un nefasto día,
… no pude ver de la muerte lo que esconde.

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