martes, 6 de julio de 2010

ESCENAS DE MI CALLE 3, POR PACO CÁNOVAS


Y hablando de juegos, los JUEGOS de “salón” de los niños de la Umbría -calle y cuesta- eran los propios de la época:

-Las bolas: ¡Qué valiosas eran las cristalinas de las gaseosas de los Cantariles! Suya era la casa que iba a continuación de la taberna del Sordo, una vez empezada la calle a mano izquierda; tenían la fábrica en los bajos, que daban a la acequia (donde nuestras madres lavaban la ropa antes de que la cosa se modernizase con el agua corriente en las casas, fuese verano o aquel invierno de auténticos chuzos de punta como los que se formaban en las terreras del río Bolonor), debajo de las azoteas que construyeron al hacer la carretera. Jugábamos preferentemente en invierno en los portales alumbrados por una triste perilla de 15 bujías (el más frecuentado era en nuestro caso el de Encarnica la Cereña, vecina nuestra); especialmente si los enlosados tenían “calvas”, cosa habitual como puede apreciarse en las fotos de la época. Me parece recordar que una de las modalidades de juego era con un hoyo: quizás una especie de mini-golf. Ahora, cuando veo un coche con alguno de los colores vivos de aquellas bolas de arcilla, siento cómo se me activan las evocaciones sensitivas, volviendo a disfrutar de algo de esa lejana infancia.

-Las trompas, cuya punta era sustituida por un clavo bien limado en la herrería de Arturo; después he pensado que con mucha paciencia por parte de éste y sus hijos Paco y Jesús, pues éramos muchos los niños que les llegábamos con el “encargo”; lo que no sé es por qué no íbamos al otro herrero, Juan el Herrero, marido de Carmen Oller, que vivía en la calle Gadil, junto a la churrería de Saturnino que tan buenos churros hacía; ¿sería porque ya no ejercía?; de él sólo recuerdo haberlo oído tocar el acordeón, a propósito del cual había alguna coplilla por el pueblo un tanto grosera. También me parece recordar que allá por los primeros 50 se formó una agrupación de jovencitas majorettes (DRAE) que desfilaron circunvalando el pueblo acompañadas quizás por el acordeón, o por bandurrias...; no consigo precisar bien; lo que sí recuerdo es una canción que interpretaban la Estudiantina Portuguesa: “Somos cantores de la tierra lusitana... ay, Portugal, por qué te quiero tanto..”

-Y, me llama la atención especialmente al recordarlo, los cartones: esas tapas de cartón de las cajas de cerillas de la época (nuestras madres verían difícil conservarlas intactas hasta que se gastaran) que movíamos con un utensilio auténticamente prehistórico, del paleolítico: piedras supuestamente planas de una forma determinada con las que, a golpes, movíamos los trocitos de cartón (¡valiosos montones de cartoncitos se veían en las manos de aquellos niños que tenían habilidad para ganarlos!).

Aparte estaban los juegos de mayores espacios (recojo sólo algunos; dejo para otro los de “pillar”, escondite, saltar, marro, etc)

-El fútbol, para nosotros “pelota” de trapo y en ocasiones de goma, casi siempre en la Plaza de Arriba, perseguidos constantemente por las Lateras -mención especial, y sin embargo cariñosa, de Lola- y Dª Paca Rovira, a quienes no dejábamos descansar; pero no eran las únicas: también sufríamos el acoso de un enorme perro-¿alguien se acuerda de su nombre?- que tenía Dª Encarnación Jiménez, vecina que vivía a continuación de las Lateras en un considerable caserón señorial; si veis las estupendas fotos del álbum de Fredy donde aparece dicha Plaza, a continuación de la Ermita y haciendo rincón está la casa que habitaron Diego Pérez y familia; justo enfrente, al otro lado, estaba “la casa del perro”; la plaza tenía solamente algunas acacias anémicas cuyas flores comíamos en primavera (¡no había hambre!), por lo que no encontrábamos grandes obstáculos.

También jugábamos, huyendo de nuestras “acosadoras de arriba”, en la explanada al pié de la misma y ya hecha carretera pero sin apenas coches.

En el Anchurón de la Carretera General que había bajando por la balsa de la tía Portala: éste era un campo más para eventos de nivel inter-barrios, duelos entre calles, etc.; incluso allí se celebraron corridas de cintas con bicicleta en las fiestas de Agosto (también en la recta del Cuadrado), pues a ambos lados de la carretera había declives o ribazos donde se ubicaba el público.

Los partidos solemnes se celebraban en el campo de Las Eras donde se escuchaba, no sé por qué, aquello de

“a la bi,
a la ba,
a la bim, bom, ba,
el Cuervo,
el Cuervo,
y nadie más;
si Serón no tiene fama,
nadie le gana
de por aquí”.

No recuerdo que Serón en aquella época ganara muchos partidos.

-Se practicaba el frontón en la pared de la Ermita; recuerdo reñidos partidos en los que intervenían –entonces eran jóvenes- los telegrafistas, González (que tenía allí, al fondo a la izquierda, debajo de la vivienda de aquellos, su “academia” donde por las noches aprendieron cultura básica y mecanografía muchos jóvenes que no tenían otra oportunidad por haberse incorporado al mundo laboral en su infancia), mi tío Pepe... en fin, muchos. Me hablaban mis padres de que ya se practicaba en los años veinte, cuando ellos eran jóvenes.

-Y la misma Plaza se convirtió a finales de los 50 en cancha municipal con canastas para la práctica del baloncesto; recuerdo el partido de inauguración que jugamos contra Tíjola, nuestros fraternales enemigos, y que perdimos, como casi siempre.

¡Hay que ver lo que la emblemática Plaza de Arriba ha dado de sí! Pues si nos ponemos a recordar, tendremos que hacer alusión a su periódica metamorfosis en circo (merece un capítulo aparte: ¿cómo, intentando emular a los trapecistas, no nos “esnuclamos” entonces colgados del techo en maromas aprovechando los agujeros hechos para colgar el camal de los cochinos en la matanza?), su anual participación en las fiestas como sede del castillo de fuegos artificiales y, según contaban nuestros mayores, plaza de toros: para que no faltara de nada.

Os dejo aquí algunos nostálgicos recuerdos de la calle donde viví mi niñez y que se cortaron cuando con cerca de 12 años me fui a estudiar a Almería, volviendo sólo en vacaciones escolares y quedando bastante desligado de su vertiente más vital. Posiblemente OTRO DÍA SURGIRÁN NUEVAS REMEMBRANZAS (hilvanadas, como he podido observar releyendo las líneas anteriores, por cuatro palabras: recuerdo, me acuerdo, memoria, olvido: ¡que triste sensación!) que pasaré al papel electrónico para castigo de los seronteuveros que pierden el tiempo leyendo mi rollo macabeo (dicen que esta palabra aramea significa “martillo”; es, por tanto, la apropiada al caso). Abrazos para todos los paisanos.

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