lunes, 19 de julio de 2010


Mi Callejón, hoy mudo,
comenzaba en el mismo instante
que el martillo de un remendón
golpeaba la suela de un zapato…,
enfrente, la ventana a ras de suelo
perfumaba la cuesta
con el olor de una rosca
recién salida del horno.
(¡cómo despreciar un suspiro
al módico precio de gratis total!).

Más arriba, el sonido de la imprenta
me lo cambiaron
por un conjunto de postales
con ropa tendida.

Luego, una cuesta
que cae a plomo desde el Castillo,
haciendo un breve descanso
en un banco de la placeta

Nicolás, que a veces llegaba
con una carga de matas de panizo,
hace años vendió toda clase de aperos.

A Emilio Jiménez lo vieron
sobre una nube, con una carpeta
bajo el sobaco.

Las últimas noticias de Frasquito
llegaron un Miércoles de Baza,
por lo visto arrendó un puesto
y se instaló en el mercado de las estrellas…

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