domingo, 3 de enero de 2010


Nunca viajé por el Rio de la Plata
ay qué pena, qué tristeza, qué dolor
se desfogaba mi alma con una lata
dándole patadas por el Bolonor.

Con trayectoria emigrante
familiares en las Minas de Cardona
nunca supe de Valencia y Alicante
y mucho menos de Barcelona.

Recuerdo que me llevó a Almería
Arturillo de Remedicos Miralles
ay qué emoción, qué alegría
al ver el mar y la anchura de sus calles.

Poca telandra pude acumular
con perras gordas por la raja de mi hucha
lo más cerca que estuve de la mar
eran la cajas con sardinas de Garrucha.

Porque yo nunca salí de Serón
y todas las gripes las pasé en mi cama
por eso vivi con preocupación
aquel traslado a la Ciudad del Pijama.

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