jueves, 25 de febrero de 2010


Perdida mi alma en las sinfonías
cargadas de abstracciones,
me quedo con aquellos días
felices de mis callejones.

El sonido de un pájaro confunde
inocentes ideales
mientras, mi infancia se hunde
por el barro en los bancales.

Tengo la percepción de un niño
atento al sonido de los astros;
de lejanos acordes de cariño
persigo rastros.

Desde entonces mi camino
de piedras, a golpes de ilusión,
entre botellas y vasos de vino
por los bares de Serón.

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