martes, 15 de junio de 2010


Una noche, atemorizado por un susto del miedo
entre el pánico profuso de un espectro errante
mi pobre cuerpecillo infante congelado y quedo
como una estatua de sal, ni hacia atrás, ni adelante.

Allí, donde mi callejón en otros tiempos risueño
con la música al viento de Radio Nacional de España
una siniestra figura, como el diablo en un sueño
se plantó en mitad la cuesta esgrimiendo una guadaña.

Y yo, siempre receloso de la esquina oscura
grité reclamando amparo de un portal sombrío
nada, ni Frasquito, ni Dolores, ni Matilde, ni su Pura
ni el silencio respondió en defensa de este crío.

Y aquella presencia ingrata de perfil siniestro
a la altura de la esquina hiriente se fue diluyendo
con la liturgia de un Ave o de un Padre Nuestro
mientras mi puerta angustiado crucé corriendo

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