viernes, 17 de junio de 2011



De Rubén Darío al Seronero (Paco Cánovas)


Seronero está triste…,
¿qué tendrá el Seronero?
Se le niega el saludo
que nace del aprecio.
¡Pobre del Molinillo,
el hijo del sereno,
hacer oposición
en pueblo tan pequeño!
Haya confrontación
de ideas y remedios,
y el otro pensará
que le nombras sus ancestros.
Nacen nuestras acciones
sin tachas ni defectos,
que sólo ante los ojos
hay defectos ajenos:
los propios, a la espalda
para no poder verlos.
No quiero dar lección
sobre comportamiento
(es tema que se aprende
en casa del maestro);
pero es mortal el arma
que dispara en un texto:
pues aquel que dispara
sepa que él es el muerto.

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Cadavérico me encuentro
mi queridísimo Paco
más pronto que tarde dentro
de un frío ataúd opaco.

Ni un escrito como bala
que en la soledad me entierra
hoyo abierto a pico y pala
a dos metros bajo tierra.

La muerte con su misterio
La vida y sus circunstancias
rosas en el cementerio
con agridulces fragancias.

Un ciprés se eleva al cielo
un epitafio bonito
jarrón con clavel reseco
un crisantemo marchito…

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