viernes, 30 de diciembre de 2011

ALI GRIÑÁN

Llevo una semana que prácticamente no me ha pasado nada. No tengo gana de salir, estoy más flojo que follón de borrego o como se decía antiguamente en Serón, con menos fuerzas que el peo de un maricón.

Espero que nadie interprete en mis palabras un desprecio a los maricones, entre los cuales tengo muy buenos amigos. Las tendencias sexuales son cosa de cada cual; no hay nada nuevo en eso, desde los orígenes de la vida humana las madres nos parieron varones, hembras, homosexuales, homosexualas y luego, esos casos más raros de  hermafroditas. También están los travestis pero si continuo avanzando en el tema me voy a meter en algo que no domino, así que lo dejo aquí.

Como decía, no tengo ganas de salir, estoy aquí como esperando que pase el fin de año, empiece el nuevo y llegue pronto el día de los Reyes que es el que de verdad me hace ilusión. Luego, los días y meses vayan pasando como Dios encamine. Mi meta está en pasar el tiempo y que pase pronto, que vuelen los días y llegue el momento de mandar a tomar por culo el vademecum.

Ayer me llamó una amiga que vive en Sabadell para decirme que don Luis Domene el cura de la Loma, evitó la muerte en la Guerra Civil haciéndose el enfermo, que estuvo postrado en la cama desde el principio hasta final del 38 exagerando sus dolencias cardíacas, primero en el Pocico y después con sus hermanas.
Tengo que decir que es un dato muy bueno, pero la generosidad de los milicianos estuvo también basada en unas talegas, cuyo contenido sonaba a moneda de curso legal del momento.

Me cuentan, por medio de mensajes electrógenos que, la cena de Navidad organizada por Juan Antonio Lorenzo ha sido una inmoralidad, una falta de respeto y solidaridad con la gente que lo está pasando mal. Yo pienso lo mismo, pero a parte lo definiría, como un acto de prepotencia de los muchos a los que nos tiene acostumbrados él y su entorno.

Como decía, estoy aquí en mi casa. Tengo la torre de la Iglesia a veinte metros y las campanas, tocando los cuartos, las medias y las horas. Llevo ventiséis años aquí y casi me pasa desapercibido,
pero llevan unos días que no para de sonar y con otra música. Resulta que está habiendo muchos muertos, se mueren incluso a pares; oigo que tocan y tocan, luego escucho gente pasar hacia la Iglesia y yo aquí, esperando otro muerto, una boda, un bautizo o la Cabalgata de los Reyes Magos que está a la vuelta de la esquina.

Ala, hasta el año que viene si me dejan las campanas, Gaspar, Melchor, Urdargarín, Juan Antonio, Fray Alfredro, Alí Griñán o a quien le corresponda.

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