sábado, 11 de abril de 2009

SEMANA SANTA










Quiso Jesús morir como un hombre corriente
entregarnos su sangre en una copa de oro
y en un trozo de pan hacer su cuerpo presente
para dejarnos de herencia su mejor tesoro.

Y en el Viernes Santo, todas las estrellas
se ocultaron detrás de una tormenta sombría
por todo el Orbe volaron rayos y centellas
cuando la lanza en su pecho, el corazón le partía

Y llevado por un impulso amoroso y ciego
cayó ante los hombres postrado de hinojos
tanto amor nos entregó para que luego
por nuestra culpa en la Cruz, cerrara los ojos.

Al Padre clamó, ya por su herida sangrante
se le escapaba la vida fatigosa:
aparta oh Dios mío este Cáliz delirante
y llévame cuanto antes a tu presencia gloriosa

Y cuentan que aquel Jesús, hijo de María
fue sepultado en la roca, bajo una losa
cuando fueron a verle se la encontraron vacía
había vencido a la muerte con su mano vigorosa.

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