jueves, 31 de mayo de 2012

PEPE MIRALLAS

Pepe Mirallas nació en Serón en el año 1900.

Estuvo en la escuela donde dicen que era muy inteligente y aplicado. Tenía una caligrafía excelente, además de una base cultural muy por encima de la media que se llevaba en aquellos tiempos.

Su padre quiso que estudiara una carrera y al no conseguirlo le dio otras oportunidades para buscarse la vida tanto en España como en el extranjero.

Sería el año 1916, cuando Leopoldo comprendió que su hijo no iba a hacer carrera alguna, le compró un gramófono con discos en Francés para aprender el idioma. Con el artefacto llegaron unos discos de tangos y todo el pueblo desfiló por la casa para ser testigo de aquel invento.

Pepe no se tomó la tarea con gran ilusión, al principio aprendió algo, pero rápidamente lo abandonó.

En la primera mitad de los años 20 su padre le dio otra oportunidad para hacerse un hombre de mundo; le envió a Nueva York y este sería el intento más frustrante. Al desembarcar dió una vuelta por Manhatan comprendiendo rápidamente que como Serón nada; regresó al puerto y cogió el primer barco de regreso con el consiguiente disgusto para su padre.


Don Domingo Martínez Herrerías, Abuelo de Leo Martínez Anaya, ejerciendo su trabajo en Avilés (Asturias)

Otro fracaso importante se produjo nada más terminada la Guerra Civil cuando contrajo matrimonio con una hermana de Pepa la del Loreto (Del Estanco). Pronto tuvieron una niña, pero debido a presiones familiares el matrimonio duró muy poco. La mujer pudo rehacer la vida en ese sentido pero Pepe no.

De lo contado hasta el momento y de los testimonios de familiares y conocidos se desprende lo siguiente: Pepe se podía considerar la oveja negra de la familia, lo que no implicaba que fuese una mala persona, todo lo contrario, era educado, amable y servicial, pero no pudieron sacarle punta.

Había nacido en una familia pudiente y prefirió vivir de las ventajas que le daba su condición.

Pronto se aficionó a las cartas y cuentan que ya muy joven, le quitaba a su padre zaleas de borrego para venderlas y hacer dinero para el juego.

Y de esta forma llegó la Guerra.

La tercera persona en ser detenida el 21 de Julio de 1936 fue su padre, después su hermano Leopoldo y más tarde su otro hermano, Diego y él mismo. Ninguno de los cuatro había tenido relevancia política especial en el pueblo, aunque se les consideraba simpatizantes de partidos de derechas.

Durante su detención en la Iglesia, Francisco Fernández Rodríguez (Manchego), les propone salvar la vida mediante la entrega de cierta cantidad de dinero y su expulsión a Madrid.

La cosa quedó así:
Leopoldo padre y nuestro Pepe se van a Madrid; Diego al Frente de Guerra donde murió y Leopoldo a la Prisión del Ingenio y más tarde al Campo de Exterminio de Turón.

Ya he contado en el foro de Serón Vive, el episodio de la Fonda de la Puerta del Sol donde fueron denunciados por Juanico de Anselmo a quien inocentemente habían llamado su atención al verlo pasar mientras se entretenían jugando a la baraja; denuncia que les llevó a pasar cuarenta días detenidos y torturados en una Checa de Vallecas, siendo liberados por la mediación del posadero.

La noticia de la detención y, en un principio desaparición puesto que no se sabía nada de ellos, llegó a Serón con la consiguiente alarma en sus familias que se desplazaron a Madrid en su búsqueda. Dicen que todas las mañanas, la mujer de Leopoldo y Antonia del Rulito, buscaban entre los cadáveres de los fusilados en la madrugada, intentando reconocer en alguno a sus parientes. Finalmente fueron liberados en un pésimo estado físico.

Terminada la Guerra regresan a Serón y Pepe continuó con su modo de vida, no hacía nada, solo jugaba a las cartas y se pasaba el día de conversación en tiendas, talleres etc. Dicho esto, nunca le hizo daño a nadie él vivió de esa forma mientras se lo pudo permitir.

Llegó el momento en que su padre hizo particiones lo que le dio la oportunidad de jugarse lo suyo. Unas veces ganaba, otras perdía y ya se sabe, quien se mete en esto no termina bien como fue su caso.

Así llegamos a 1953, solo le quedaba la casa, la que después fue de la Marta al pie de la cuesta de la Umbría frente a la Viuda, madre de Emilio y el Ico.

Había llegado el momento, con 53 años tenía que enfrentarse por vez primera a la vida y así lo hizo.

No se si pudo quedarse a trabajar en el pueblo o tal vez le dio verguenza , el caso es que decidió probar fuera.

Por aquellos años, Domingo Martínez Herrerias, abuelo de Leo Anaya que era facultativo de minas en Avilés, le estaba encontrando trabajo a gente del pueblo en Asturias (caso de Pepe Palillos, marido de mi prima Encarnica de Emilio Cazorla).

Pepe Mirallas habló con él en estos términos:

"Usted sabe que yo no he trabajado nunca, deme una oportunidad que no le defraudaré".

Le vendió su casa a Epi, hijo de Epifanio Tocina en 7.000 Pesetas y con ese dinero se fue a Asturias.

Don Domingo le colocó de pinche en una mina llevando agua y las herramientas de los mineros; después de peón, más tarde de oficial, jubilándose de encargado.

En las tertulias de mi madre y mis tías en casa de su hermana Remedicos le escuché contar lo duro que fue para él aquel primer trabajo; se tenía que liar pañuelos en las manos ensangrentadas para poder llevar las carretillas, a parte su poca preparación física para el esfuerzo, acostumbrado a una vida relajada.

Al cumplir los 65 años volvió a Serón y estuvo un tiempo viviendo con Remedicos; después se fue a Tíjola con su otra hermana Mariquita, fallecida hace un par de semanas. Con ella pasó los últimos años de su vida y hoy descansa en un panteón de su parienta Encarnita Jiménez, la boticaria de la Plaza del Tío José Antonio.

Yo recordaba de Pepe solo el detalle de Asturias y que de mayor tuvo que ponerse a trabajar, el resto de la narración me ha sido aportado por sus propios familiares y otras personas que le conocieron.

Particularmente,de su vida,  me quedo con el ejemplo de superación personal en los momentos difíciles. Nunca trabajó porque no lo necesitaba, pero cuando le vio las orejas al lobo se puso manos a la obra con responsabilidad y sin complejo alguno.


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