sábado, 11 de diciembre de 2010

HISTORIAS DE DIEGO PÉREZ CANO


Mi querídísimo Diego Pérez,
Seguramente no recordarás este suceso, porque eras muy niño, tal vez recién salido del tinte; pero el hecho sucedió.

Una noche llevaron a tu casa a dos hermanos, un niño y una niña. La Placeta del Pilar estaba llena de gente, porque ya sabes tú lo que pasaba en el pueblo cuando alguien se apartaba de este mundo, la voz corría como la pólvora y todos se apresuraban a expresar su solidaridad con la familia. Hoy también pasa, pero menos.

Pero aquel velatorio fue excepcional porque eran dos personas las fallecidas en la misma casa. Una mujer joven madre de cinco hijos y su suegra que vivía con ellos.

La muerte es así de caprichosa y entrando por la misma puerta mata dos pájaros de un tiro. Y así fue, murieron ambas con apenas unas horas de diferencia.

Al día siguiente, aquellos niños pequeños vieron los ataúdes de su madre y de su abuela camino de la Iglesia, desde los cristales del balcón de tu casa, mientras tu madre y tu hermana los consolaban.

Unos doce años más tarde, por el año 1966, el mayor de los hijos de la difunta estaba haciendo el servicio militar en el Campamento de Viator y allí hizo amistad con otro recluta que era hijo de los dueños de los Almacenes el Águila. Resulta que por estas fechas de Navidad contrataban a mucha gente y fue que este seronero le pidió que le dieran trabajo a un hermano que resultaba el ser el niño que vio el entierro de su madre en compañía de tu familia. Efectivamente, le dieron trabajo, y el zagal que era ya un muchacho, metió cuatro cosas en una talega y se fue para Almería y mira por dónde, vino a hospedarse en tu casa, en una fonda que teníais en la calle Amapola (creo).

Un domingo por la mañana, estabais en la terraza de la casa disfrutando del día de descanso, tu hermano Serafín, el huésped seronero y tú, cuando de pronto en la ventana del edificio de enfrente apareció una rubia impresionante que intentaba ponerse el sujetador sin saber que tenía espectadores. En ese momento exclamaste ¡Anda, si se le ven la tetas!, porque seguramente eran las primeras que viste y te tuvieron que llevar a la Bola Azul para que te cerraran la boca porque se te había quedado abierta..

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