sábado, 14 de marzo de 2009

DON ANTONIO CAÑABATE Y LA BANDA

En los sesenta llegó a Serón un pelilargo
eso era extraño, al tratarse de un curilla
llegó en la Vespa, a sacarnos del letargo
he de decir, que tenia algo clara la coronilla.

En decir una misa, tardaba muy poco
ya sabemos que don Francisco se dormía
don Antonio parecía que estaba loco
ya que en cinco minutos se la comía.

Le dieron una casa en las Escuelas Nuevas
y como un buen religioso vivía con su madre
en su soledad, hacía frente a las pruebas
que al joven le ponía, el demonio cobarde.

Un día en la ferretería, bajo un sol abrasador
de improviso le soltó a Néstor un “oye tú”
pensaba que le hablaba a un destornillador
y Néstor le contestó “¿Yo tu?, tururú”

Una vez superados los malos entendidos
pusieron en común sus nociones musicales
empezaron a despertar a los músicos dormidos
¡Vaticano Segundo, con batutas sacerdotales!

Enrique Maqueque y Néstor las trompetas
me acuerdo de Antonio Bono en el bombardino
subir las cuestas tocando el bombo daba agujetas
el tio Dionisio tenía ayudante para el camino

Pepe de Julio y su Antoñín en los saxofones
temo olvidarme de un metalista como el Currillo
pepe de Justa tocando el bajo con dos cojones
había que echarlos para tocarlo por el Cantillo.

Pido a perdón a todos los fieras que no menciono
aquella banda de los conciertos en la tarima
no quiero que falle esta poesía en un semitono
y os digo adiós antes de cagarla con tanta rima.

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