jueves, 5 de marzo de 2009

Oh muerte cruel



Cuando el cuerpo cruce la muralla
y entre en el Campo Santo desafiante
que cada hueso de la espalda vaya
uno a uno, detrás del que va delante

Y estimo en este paso innecesarios
los ojos en cada extremo de la frente
si no verán fuegos fatuos en los huesarios
ni el destello de un lucero reluciente.

Oh catacumba de luz eterna noche
cuánto dolor es la muerte, ese holocausto
para vivir la eternidad con gran derroche
en el gozo inmaterial del cuerpo exhausto.

Oh cuerpo vil que en ceniza taciturna
transformarás a tu reino, pasajero
para entrar en un nicho o en una urna.
tu que fuiste fiel amante del dinero.

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