viernes, 27 de marzo de 2009



El otro día, en mi callejón vi dos figuras sombrías
en la puerta de Nicolás se me pusieron en frente
y sentí que una de ellas con su mano inclemente
me saludaba, sin salir de su boca un buenos días

Al llegar al tranco de Frasquito, sus miradas frías
se volvieron hacia mí congelando mi temor ardiente
y llamé al Papilla, a la Pía, ente el peligro evidente
de sentirme amenazado por sus órbitas vacías.

Y entré a mi casa por la puerta del corral ruinosa
sintiendo los latidos de mi pobre corazón desecho
al verme, mi Abuela vino hacia mí presurosa
y tampoco dijo nada, porque nunca fue curiosa.

Ya en su compañía puede recuperar la calma
y alejar aquel miedo que me devoraba el pecho
en su mecedora con el gato en su halda satisfecho
y esta imagen cariñosa llenó de alegría mi alma.

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